DESCARTES y I THINK SEARCH
Si Aristoteles o Descartes hubiesen nacido en el Siglo XX es posible que sus investigaciones filosóficas hubiesen concluido en el estudio de la Intermediación de los Buscadores a traves de la LÓgica y la Filosofía. El filósofo favorito de I THINK SEARCH es Descartes (勒奈·笛卡儿). Ni Wittgenstein ni Gödel. No, Descartes. Que siempre estuvo perdido. Y siempre estuvo buscandose a si mismo. Pues esa es la esencia del Humano.
¿Que ocurriría si explicase como controlar a Google?
Dice la venerable Tradición una historia verdaderamente bonita y emocionante que quiero trasladar aquí:
“Dice que Descartes se encontraba en una calle mirando el cartel en el que un joven matemático dispuesto a ganar dinero desafiaba a los aficionados a resolver el problema que él planteaba. Un deporte popular entre los jovenes nobles. Era de esa manera:
El interesado anotaba su nombre en el cartel y si resolvia el problema, el retador le pagaba una suma fija.
En el caso contrario, habia que pagarle a él. Pero solo una vez que él habia demostrado que era capaz de resolverlo.En aquellos dias habia matemáticos comparables a tahures. (Algo como vemos extremadamente parecido a los SEO´s y los Fundamentos de la Search Economia del siglo XXI)
Se supone que Descartes le pidió a un hombre que estaba alli que le tradujera el problema. ¡Y el hombre era el mismisimo Issac Beeckman!, quien acced¡ó de buen humor y pidió con socarranería al joven soldado que le mostrará el resultado si lo resolvía.
¿Qué sucedió más tarde?
Horas despues Descartes fue a ver a Beeckman y le mostro la prueba.
Beeckman se quedo de una pieza, reconoció el genio de Descartes, lo adoptó como discipulo y demás.”
HE DESCUBIERTO ALGO
Descartes pensaba acostado. Estaba a menudo en la cama con las ventanas abiertas de par en par y las cortinas recogidas. Descartes se incorporaba en ocasiones para escribir y luego se recostaba de nuevo para pensar.
Descartes no buscaba la fortuna sino solo trabar conocimiento con personas celebres por su talento para la filosofía y la matematica…
Descartes sostenía que el ángulo no podía existir, y cuando fue retado a describir las proporciones matemáticas de las vibraciones armonicas de las cuerdas, escribio el Compedio de Musica, y luego desaparecio en tierras alemanas.
Y cuando publico La Geometria, tampoco presentó la Soluciones, asunto del que ha tomado buena nota I THINK SEARCH.
Descartes amaba la Geometria. Se dice de él:
Lo inquietaron los métodos de los geómetras griegos para llegar a sus ingeniosas pruebas sin un sistema fundamental de ataque y se propuso corregirlos mediante el manejo de líneas y figuras tridimensionales en una gráfica. Dibujaba la gráfica marcando unidades en una línea horizontal (eje x) y una línea vertical (eje y); así, cualquier punto de la gráfica podía describirse con dos números. El primer número representaba una distancia en el eje x y el otro número representaba una distancia en el eje y. Aunque conservaba las reglas de la geometría euclidiana, combinaba el álgebra y la geometría, consideradas entonces como independientes, para formar una nueva disciplina matemática llamada geometría analítica.
¿Cual es la enseñanzar principal de Descartes?
Se resume en 1 única pregunta:
Quid vitae sectabor iter?
A saber:
¿Qué clase de vida debo seguir?
Recluido en una habitación, recostado en el sillón, junto a la estufa –seul dans un poêle–, Descartes hurgó en el interior de su mente en busca de la primera idea que ha de llevar a la verdad.
Descartes era bromista, locuelo, bebedor, mercenario, jugador, rico, noble, cosmopolita, aspiraba a unificar las ciencias con un metodo basado en la claridad de las matemáticas, había escrito el borrador de algunas reglas para la dirección de la mente con la firma de “Polybius le Cosmopolite”.
De joven sabía como apostar y vaciar bolsillos ajenos. Creo que descubrió el criterio de kelly por cuenta propia.

Feo, Descartes es el Padre de la Filosofía Moderna.
Vivio casi toda su vida en la campiña. Y cambiaba a menudo de residencia, nómada. Le gustaban las mujeres y las mujeres gustaban de el.
Un buen día Descartes decide prescindir de lo que ha leído y aprendido en los libros y salir a ver mundo, porque según indica las lecturas no le ayudaban a resolver ninguno de los problemas filosóficos. Y no será en los libros sino en él mismo donde encontrará Descartes el principio de la verdad.
Algo verdaderamente interesante es que cuando se le acusa de ser ateo y argumentar filosoficamente la no-existencia de Dios, Descartes presenta un texto con las famosísimas Pruebas Metafisicas, tan solo para aplacar a la Iglesia, de ahi su Metodo Cartesiano para demostrar la existencia de Dios. Y su famoso CIRCULO, el llamado círculo cartsiano o falacia cartesiana. Y el Discurso del Metodo
NO REVELÉIS MI DOMICILIO A NADIE
A Descartes le gustaba el anonimato, pero le descubrieron. Descartes le gustaba jugar a las cartas y apostar. De ahi su Teoria de la Probabilidad.
Descartes gustaba charlar con eruditos, de ahi sus continuos viajes por el Mundo, también en busca de alejarse de peste.
Una princesita de los paises de Norte reclamo a Descartes un buen dia para recibir clases de Filosofía. Un pais donde “se hielan hasta los pensamientos de los hombres”. A Descartes no le gustaba el frio, y se murio. De ahi su Principio basico de la Termonamica.
Otros dicen que fue asesinado por intoxicación aguda por arsénico.
El cuerpo de Descartes permaneció en Suecia 16 años. Cuando, finalmente, sus restos mortales llegaron a Francia, reclamados por sus admiradores y amigos, se abrió el ataúd y se descubrió que faltaba el cráneo. Según llegó a afirmar Cristina de Suecia en sus Memorias, lo sustrajo un oficial llamado Isaac Planstrom…
A Descartes le gustaba vivir para Pensar. De ahi I THINK SEARCH. RC.
Descartes y Matrix
De entre las biografias disponibles sobre Descartes más interesantes que he encontrado en Internet, se encuentra de unos apuntes de trabajo de filosofia. Me he tomado la libertad de incluir este parragrafo.
En sus tiempos, sin embargo, Descartes era más conocido como matemático. Sus contemporáneos sabían que era uno de los tres o cuatro grandes genios matemáticos de su época. Su invento más importante es la geometría analítica, un modo de representar los problemas matemáticos tanto geométrica como algebraicamente. Invento las coordenadas cartesianas … Usando esta técnica, podemos resolver problemas geométricos mediante el álgebra y problemas algebraicos mediante la geometría. Este método analítico llevó a Newton y a Leibniz al cálculo infinitesimal que todos los científicos e ingenieros tienen que conocer, porque constituye el fundamento tanto de la física matemática como de la tecnología moderna.
Éste es uno de los problemas básicos que se resuelven mediante el cálculo: las dos paradojas que Zenón de Elea formuló acerca del movimiento, basadas en la noción de que el espacio y el tiempo son infinitamente divisibles…
En la historia de la carrera entre Aquiles y la tortugas, si concedemos ventaja a esta última, Aquiles nunca la alcanza. La razón es que el héroe tiene que llegar al punto de partida de la tortuga antes de rebasarla. Pero en el tiempo que Aquiles tarda en llegar al punto de partida de la tortuga, ésta ya ha avanzado. Así que Aquiles debe alcanzar el sitio donde la tortuga está, pero cuando llegue, el animal habrá avanzado de nuevo. Y así ad infinitium. Por pequeña que sea la distancia, la tortuga siempre avanza durante el tiempo que Aquiles tarda en llegar a donde estaba la tortuga, así que Aquiles nunca puede darla alcance y adelantarla.
Hay otra paradoja que presenta el problema a la inversa. Supongamos que disparamos una flecha contra una diana. Antes de hacer blanco, tiene que superar la mitad del trayecto, lo cual demora cierta cantidad de tiempo. Pero antes de llegar a la mitad del trayecto, ha de llegar a la cuarta parte, lo cual también requiere cierto tiempo. Y antes, debe recorrer una octava parte, y así ad infinitum. La cuestión es, pues, que esa flecha no puede llegar a la diana. Ni siquiera puede iniciar su recorrido.
Esto es absurdo, pues los hombres son capaces de vencer a las tortugas en una carrera y las flechas hacen diana en infinidad de ocasiones. Estas paradojas sólo muestran la imposibilidad de usar una matemática basada en la divisibilidad infinita para representar la física de los cuerpos móviles. Partiendo de la geometría analítica de Descartes, Leibniz y Newton demostraron que sólo debemos introducir límites a la divisibilidad: dividimos el tiempo y los movimientos en incrementos pequeños y, entonces, tanto Aquiles como la flecha se ponen en movimiento –clic, clic, clic- como el segundero del reloj…Descartes abordó la tarea de deducir el funcionamiento de las cosas: cómo están ensambladas, qué sigue a qué, cómo desmontarlas y recomponerlas. Y puesto que no hay nada espiritual ni sagrado en la naturaleza, el valor del mundo natural reside en su utilidad para la humanidad…
Por último, a pesar de insistir en una distinción absoluta entre mente y cuerpo, Descartes abordó también las pasiones humanas con criterio mecanicista. En su último libro, “Las pasiones del alma” (1649), explicó cómo controlar las pasiones enfrentándolas entre sí. El afán de gloria, por ejemplo, se contrapone al temor a la muerte y, así, deriva en el coraje para entrar en combate.
Así era Descartes en el siglo XVII. ¿Las cosas han cambiado desde entonces? En absoluto. La ciencia moderna todavía es mecanicista, aunque en un sentido más amplio, que incluye la electricidad, la química y las interacciones subatómicas. A principios del siglo XXI la palabra clave sigue siendo la misma que en la primera mitad del XVII: control. Nuestro objetivo es ser dueños y señores de la naturaleza.
Alguien podrá objetar que ésta es, justo, la maldición del cartesianismo. Descartes enalteció la razón metódica y el análisis objetivo por encima del sentimiento subjetivo y de la sensibilidad intuitiva. Nos ha maldecido con la creencia de que lo importante no son las sensaciones y emociones subjetivas que residen en nuestro interior, sino las cosas objetivas del mundo externo que las originan. … Las emociones son subjetivas, triviales, inservibles, insignificantes y engañosas. No hay emociones en el mundo real, de modo que no debemos permitir que interfieran con la seria y objetiva labor humana de controlar la naturaleza.
Más aún, el éxito del método analítico cartesiano, que descompone las cosas en partes para ver cómo funcionan, desecha en la práctica la visión del mundo y sus organismos como una totalidad indivisa. La interpretación cartesiana y materialista de la naturaleza es la antítesis de la noción antiindividualista hegeliana o budista, según la cual el mundo posee un alma oceánica desde nuestras almas se fusionan como gotas de agua. El método cartesiano se opone a la ideología de la fuerza vital de los ecologistas profundos, los ambientalistas místicos y los defensores de los derechos de la naturaleza… Descartes se oponía al psiquismo, al panteísmo y al espiritualismo, esto es, a la idea de que la mente o el espíritu impregnan toda la existencia. Descartes criticaba sin ambages la escolástica aristotélica de su época, la noción de que existen fuerzas ocultas o un poder de las esencias o las formas que sean causa del desarrollo de las cosas materiales…
Su única hija murió de escarlatina a los cinco años y resultó ara él un golpe devastador. Esa muerte fue quizá decisiva para que él consagrara el resto de su vida a la investigación médica….
Ya en sus tiempos, se acusó a Descartes de escepticismo y ateísmo, y esta doble visión de un mundo sin certidumbre y sin Dios es aquello que los críticos anticartesianos más deploran en la actualidad. Descartes alegaba que no era justo que se le acusase de escepticismo, porque refutaba a los escépticos, ni que se le tildase de ateo, porque demostraba la existencia de Dios. Pero las acusaciones tienen fundamento pues descartes, a pesar de sus intentos sinceros, en vez de refutar el escepticismo demostró su fuerza irrefutable, y en lugar de probar la existencia de Dios a lo que llegó fue a establecer que es imposible demostrarla…
De vero & falso. - Meditacion IV de Descartes
1. Ita me his diebus assuefeci in mente a sensibus abducendâ, tamque accurate animadverti perpauca [53] esse quae de rebus corporeis vere percipiantur, multoque plura de mente humanâ, multo adhuc plura de Deo cognosci, ut jam absque ullâ difficultate cogitationem a rebus imaginabilibus ad intelligibiles tantùm, atque ab omni materiâ secretas, convertam. Et sane multo magis distinctam habeo ideam mentis humanae, quatenus est res cogitans, non extensa in longum, latum, & profundum, nec aliud quid a corpore habens, quàm ideam ullius rei corporeae. Cùmque attendo me dubitare, sive esse rem incompletam & dependentem, adeo clara & distincta idea entis independentis & completi, hoc est Dei, mihi occurrit; & ex hoc uno quòd talis idea in me sit, sive quòd ego ideam illam habens existam, adeo manifeste concludo Deum etiam existere, atque ab illo singulis momentis totam existentiam meam dependere, ut nihil evidentius, nihil certius ab humano ingenio cognosci posse confidam. Jamque videre videor aliquam viam per quam ab istâ contemplatione veri Dei, in quo nempe sunt omnes thesauri scientiarum & sapientiae absconditi, ad caeterarum rerum cognitionem deveniatur.
2. In primis enim agnosco fieri non posse ut ille me unquam fallat; in omni enim fallaciâ vel deceptione aliquid imperfectionis reperitur; & quamvis posse fallere, nonnullum esse videatur acuminis aut potentiae argumentum, proculdubio velle fallere, vel malitiam vel imbecillitatem testatur, nec proinde in Deum cadit.
3. Deinde experior quandam in me esse judicandi facultatem, quam certe, ut & reliqua omnia quae in me [54] sunt, a Deo accepi; cùmque ille nolit me fallere, talem profecto non dedit, ut, dum eâ recte utor, possim unquam errare.
4. Nec ullum de hac re dubium superesset, nisi inde sequi videretur, me igitur errare nunquam posse; nam si quodcunque in me est, a Deo habeo, nec ullam ille mihi dederit errandi facultatem, non videor posse unquam errare. Atque ita prorsus, quamdiu de Deo tantùm cogito, totusque in eum me converto, nullam erroris aut falsitatis causam deprehendo; sed, postmodum ad me reversus, experior me tamen innumeris erroribus esse obnoxium, quorum causam inquirens animadverto non tantùm Dei, sive entis summè perfecti, realem & positivam, sed etiam, ut ita loquar, nihili, sive ejus quod ab omni perfectione summè abest, negativam quandam ideam mihi obversari, & me tanquam medium quid inter Deum & nihil, sive inter summum ens & non ens ita esse constitutum, ut, quatenus a summo ente sum creatus, nihil quidem in me sit, per quod fallar aut in errorem inducar, sed quatenus etiam quodammodo de nihilo, sive de non ente, participo, hoc est quatenus non sum ipse summum ens, desuntque mihi quam plurima, non adeo mirum esse quòd fallar. Atque ita certe intelligo errorem, quatenus error est, non esse quid reale quod a Deo dependeat, sed tantummodo esse defectum; nec proinde ad errandum mihi opus esse aliquâ facultate in hunc finem a Deo tributâ, sed contingere ut errem, ex eo quòd facultas verum judicandi, quam ab illo habeo, non sit in me infinita.
5. Verumtamen hoc nondum omnino satisfacit; non [55] enim error est pura negatio, sed privatio, sive carentia cujusdam cognitionis, quae in me quodammodo esse deberet; atque attendenti ad Dei naturam non videtur fieri posse, ut ille aliquam in me posuerit facultatem, quae non sit in suo genere perfecta, sive quae aliquâ sibi debitâ perfectione sit privata. Nam si, quo peritior est artifex, eo perfectiora opera ab illo proficiscantur, quid potest a summo illo rerum omnium conditore factum esse, quod non sit omnibus numeris absolutum? Nec dubium est quin potuerit Deus me talem creare, ut nunquam fallerer; nec etiam dubium est quin velit semper id quod est optimum: anne ergo melius est me falli quàm non falli?
6. Dum haec perpendo attentiùs, occurrit primò non mihi esse mirandum, si quaedam a Deo fiant quorum rationes non intelligam; nec de ejus existentiâ ideo esse dubitandum, quòd forte quaedam alia esse experiar, quae quare vel quomodo ab illo facta sint non comprehendo. Cùm enim jam sciam naturam meam esse valde infirmam & limitatam, Dei autem naturam esse immensam, incomprehensibilem, infinitam, ex hoc satis etiam scio innumerabilia illum posse quorum causas ignorem; atque ob hanc unicam rationem totum illud causarum genus, quod a fine peti solet, in rebus Physicis nullum usum habere existimo; non enim absque temeritate me puto posse investigare fines Dei.
7. Occurrit etiam non unam aliquam creaturam separatim, sed omnem rerum universitatem esse spectandam, quoties an opera Dei perfecta sint inquirimus; quod enim forte non immeritò, si solum esset, valde [56] imperfectum videretur, ut habens in mundo rationem partis est perfectissimum; & quamvis, ex quo de omnibus volui dubitare, nihil adhuc praeter me & Deum existere certò cognovi, non possum tamen, ex quo immensam Dei potentiam animadverti, negare quin multa alia ab illo facta sint, vel saltem fieri possint, adeo ut ego rationem partis in rerum universitate obtineam.
8. Deinde, ad me propius accedens, & qualesnam sint errores mei (qui soli imperfectionem aliquam in me arguunt) investigans, adverto illos a duabus causis simul concurrentibus dependere, nempe a facultate cognoscendi quae in me est, & a facultate eligendi, sive ab arbitrii libertate, hoc est ab intellectu & simul a voluntate. Nam per solum intellectum percipio tantùm ideas de quibus judicium ferre possum, nec ullus error proprie dictus in eo praecise sic spectato reperitur; quamvis enim innumerae fortasse res existant, quarum ideae nullae in me sunt, non tamen proprie illis privatus, sed negative tantùm destitutus, sum dicendus, quia nempe rationem nullam possum afferre, quâ probem Deum mihi majorem quàm dederit cognoscendi facultatem dare debuisse; atque quantumvis peritum artificem esse intelligam, non tamen ideo puto illum in singulis ex suis operibus omnes perfectiones ponere debuisse, quas in aliquibus ponere potest. Nec verò etiam queri possum, quòd non satis amplam & perfectam voluntatem, sive arbitrii libertatem, a Deo acceperim; nam sane nullis illam limitibus circumscribi experior. Et quod valde notandum mihi videtur, nulla [57] alia in me sunt tam perfecta aut tanta, quin intelligam perfectiora sive majora adhuc esse posse. Nam si, exempli causâ, facultatem intelligendi considero, statim agnosco perexiguam illam & valde finitam in me esse, simulque alterius cujusdam multo majoris, imò maximae atque infinitae, ideam formo, illamque ex hoc ipso quòd ejus ideam formare possim, ad Dei naturam pertinere percipio. Eâdem ratione, si facultatem recordandi vel imaginandi, vel quaslibet alias examinem, nullam plane invenio, quam non in me tenuem & circumscriptam, in Deo immensam, esse intelligam. Sola est voluntas, sive arbitrii libertas, quam tantam in me experior, ut nullius majoris ideam apprehendam; adeo ut illa praecipue sit, ratione cujus imaginem quandam & similitudinem Dei me referre intelligo. Nam quamvis major absque comparatione in Deo quàm in me sit, tum ratione cognitionis & potentiae quae illi adjunctae sunt, redduntque ipsam magis firmam & efficacem, tum ratione objecti, quoniam ad plura se extendit, non tamen, in se formaliter & praccise spectata, major videtur; quia tantùm in eo consistit, quòd idem vel facere vel non facere (hoc est affirmare vel negare, prosequi vel fugere) possimus, vel potius in eo tantùm, quòd ad id quod nobis ab intellectu proponitur affirmandum vel negandum, sive prosequendum vel fugiendum, ita feramur, ut a nullâ vi externâ nos ad id determinari sentiamus. Neque enim opus est me in utramque partem ferri posse, ut sim liber, sed contrà, quo magis in unam propendeo, sive quia rationem [58] veri & boni in eâ evidenter intelligo, sive quia Deus intima cogitationis meae ita disponit, tanto liberius illam eligo; nec sane divina gratia, nec naturalis cognitio unquam imminuunt libertatem, sed potius augent & corroborant. Indifferentia autem illa, quam experior, cùm nulla me ratio in unam partem magis quàm in alteram impellit, est infimus gradus libertatis, & nullam in eâ perfectionem, sed tantummodo in cognitione defectum, sive negationem quandam, testatur; nam si semper quid verum & bonum sit clare viderem, nunquam de eo quod esset judicandum vel eligendum deliberarem; atque ita, quamvis plane liber, nunquam tamen indifferens esse possem.
9. Ex his autem percipio nec vim volendi, quam a Deo habeo, per se spectatam, causam esse errorum meorum, est enim amplissima, atque in suo genere perfecta; neque etiam vim intelligendi, nam quidquid intelligo, cùm a Deo habeam ut intelligam, proculdubio recte intelligo, nec in eo fieri potest ut fallar. Unde ergo nascuntur mei errores? Nempe ex hoc uno quòd, cùm latius pateat voluntas quàm intellectus, illam non intra eosdem limites contineo, sed etiam ad illa quae non intelligo extendo; ad quae cùm sit indifferens, facile a vero & bono deflectit, atque ita & fallor & pecco.
10. Exempli causâ, cùm examinarem hisce diebus an aliquid in mundo existeret, atque adverterem, ex hoc ipso quòd illud examinarem, evidenter sequi me existere, non potui quidem non judicare illud quod tam clare intelligebam verum esse; non quòd ab ali[59]quâ vi externâ fuerim ad id coactus, sed quia ex magnâ luce in intellectu magna consequuta est propensio in voluntate, atque ita tanto magis sponte & libere illud credidi, quanto minus fui ad istud ipsum indifferens. Nunc autem, non tantùm scio me, quatenus sum res quaedam cogitans, existere, sed praeterea etiam idea quaedam naturae corporeae mihi obversatur, contingitque ut dubitem an natura cogitans quae in me est, vel potius quae ego ipse sum, alia sit ab istâ naturâ corporeâ, vel an ambae idem sint; & suppono nullam adhuc intellectui meo rationem occurrere, quae mihi unum magis quàm aliud persuadeat. Certe ex hoc ipso sum indifferens ad utrumlibet affirmandum vel negandum, vel etiam ad nihil de eâ re judicandum.
11. Quinimo etiam haec indifferentia non ad ea tantùm se extendit de quibus intellectus nihil plane cognoscit, sed generaliter ad omnia quae ab illo non satis perspicue cognoscuntur eo ipso tempore, quo de iis a voluntate deliberatur: quantumvis enim probabiles conjecturae me trahant in unam partem, sola cognitio quòd sint tantùm conjecturae, non autem certae atque indubitabiles rationes, sufficit ad assensionem meam in contrarium impellendam. Quod satis his diebus sum expertus, cùm illa omnia quae priùs ut vera quam maxime credideram, propter hoc unum quòd de iis aliquo modo posse dubitari deprehendissem, plane falsa esse supposui.
12. Cùm autem quid verum sit non satis clare & distincte percipio, si quidem a judicio ferendo abstineam, clarum est me recte agere, & non falli. Sed si vel affirmem vel negem, tunc libertate arbitrii non recte utor; atque [60] si in eam partem quae falsa est me convertam, plane fallar; si verò alteram amplectar, casu quidem incidam in veritatem, sed non ideo culpâ carebo, quia lumine naturali manifestum est perceptionem intellectûs praecedere semper debere voluntatis determinationem. Atque in hoc liberi arbitrii non recto usu privatio illa inest quae formam erroris constituit: privatio, inquam, inest in ipsâ operatione, quatenus a me procedit, sed non in facultate quam a Deo accepi, nec etiam in operatione quatenus ab illo dependet.
13. Neque enim habeo causam ullam conquerendi, quòd Deus mihi non majorem vim intelligendi, sive non majus lumen naturale dederit quàm dedit, quia est de ratione intellectûs finiti ut multa non intelligat, & de ratione intellectûs creati ut sit finitus; estque quòd agam gratias illi, qui mihi nunquam quicquam debuit, pro eo quod largitus est, non autem quòd putem me ab illo iis esse privatum, sive illum mihi ea abstulisse, quae non dedit.
14. Non habeo etiam causam conquerendi, quòd voluntatem dederit latius patentem quàm intellectum; cùm enim voluntas in unâ tantùm re, & tanquam in indivisibili consistat, non videtur ferre ejus natura ut quicquam ab illâ demi possit; & sane quo amplior est, tanto majores debeo gratias ejus datori.
15. Nec denique etiam queri debeo, quòd Deus mecum concurrat ad eliciendos illos actus voluntatis, sive illa judicia, in quibus fallor: illi enim actus sunt omnino veri & boni, quatenus a Deo dependent, & major in me quodammodo perfectio est, quòd illos possim elicere, quàm si non possem. Privatio autem, in quâ solâ ratio [61] formalis falsitatis & culpae consistit, nullo Dei concursu indiget, quia non est res, neque ad illum relata ut causam privatio, sed tantummodo negatio dici debet. Nam sane nulla imperfectio in Deo est, quòd mihi libertatem dederit assentiendi vel non assentiendi quibusdam, quorum claram & distinctam perceptionem in intellectu meo non posuit; sed proculdubio in me imperfectio est, quòd istâ libertate non bene utar, & de iis, quae non recte intelligo, judicium feram. Video tamen fieri a Deo facile potuisse, ut, etiamsi manerem liber, & cognitionis finitae, nunquam tamen errarem: nempe si vel intellectui meo claram & distinctam perceptionem omnium de quibus unquam essem deliberaturus indidisset; vel tantùm si adeo firmiter memoriae impressisset, de nullâ unquam re esse judicandum quam clare & distincte non intelligerem, ut nunquam ejus possem oblivisci. Et facile intelligo me, quatenus rationem habeo totius cujusdam, perfectiorem futurum fuisse quàm nunc sum, si talis a Deo factus essem. Sed non ideo possum negare quin major quodammodo perfectio sit in totâ rerum universitate, quòd quaedam ejus partes ab erroribus immunes non sint, aliae verò sint, quàm si omnes plane similes essent. Et nullum habeo jus conquerendi quòd eam me Deus in mundo personam sustinere voluerit, quae non est omnium praecipua & maxime perfecta.
16. Ac praeterea, etiam ut non possim ab erroribus abstinere priori illo modo qui pendet ab evidenti eorum omnium perceptione de quibus est deliberandum, possum tamen illo altero qui pendet ab eo tantùm, [62] quòd recorder, quoties de rei veritate non liquet, a judicio ferendo esse abstinendum; nam, quamvis eam in me infirmitatem esse experiar, ut non possim semper uni & eidem cognitioni defixus inhaerere, possum tamen attentâ & saepius iteratâ meditatione efficere, ut ejusdem, quoties usus exiget, recorder, atque ita habitum quemdam non errandi acquiram.
17. Quâ in re cùm maxima & praecipua hominis perfectio consistat, non parum me hodiernâ meditatione lucratum esse existimo, quòd erroris & falsitatis causam investigarim. Et sane nulla alia esse potest ab eâ quam explicui; nam quoties voluntatem in judiciis ferendis ita contineo, ut ad ea tantùm se extendat quae illi clare & distincte ab intellectu exhibentur, fieri plane non potest ut errem, quia omnis clara & distincta perceptio proculdubio est aliquid, ac proinde a nihilo esse non potest, sed necessariò Deum authorem habet, Deum, inquam, illum summe perfectum, quem fallacem esse repugnat; ideoque proculdubio est vera. Nec hodie tantùm didici quid mihi sit cavendum ut nunquam fallar, sed simul etiam quid agendum ut assequar veritatem; assequar enim illam profecto, si tantùm ad omnia quae perfecte intelligo satis attendam, atque illa a reliquis, quae confusius & obscurius apprehendo, secernam. Cui rei diligenter imposterum operam dabo.
Je pense la recherche C.R.


